¿Estás comiendo con las emociones?

COMER CON LAS EMOCIONES

Seguro que te has dado cuenta que, en ocasiones, comes más de lo que debes, que las comidas son
copiosas y tu dieta no es la que necesita tu cuerpo. Entonces, si el cuerpo no necesita estos alimentos,
¿Por qué te los pide?

¿Comes con las emociones?

En el estomago existen unas 100 millones de neuronas, y por tanto, en muchas ocasiones, lo llamamos nuestro segundo cerebro. Al igual que nuestro cerebro, el estómago libera torrentes de hormonas y todo ello hace que también existan unos desequilibrios que dependen de nuestras acciones y nuestra voluntad.

El estomago es el organo que almacena los alimentos, y después de unos procesos químicos y físicos, prepara el contenido para ser transformado y posteriormente absorvido por el intestino delgado y los desechos procesados y expulsados por el intestino grueso.
La liberación de hormonas que el estomago segrega nos crea diferentes estados anímicos que hacen que tomemos decisiones, y como tal, pueden estar influidos por otros factores y los podemos confundir o utilizar para suplir otras necesidades.

Por ejemplo, cuando estamos enamorados o tenemos experiencias sexuales placenteras, nuestro cerebro libera una serie de hormonas que les dicen a nuestro cuerpo en forma de emoción “siéntete bien”. No obstante, podemos gestionar mal esta información y crear patrones tóxicos o adicciones a estos estímulos. Con el estómago pasa igual. A veces sentimos deseo de comer cuando no hay hambre y nos podemos dar cuenta que el deseo oculto es algo más que
comida y lo intentamos suplir con ésta. Entonces la comida se transforma en el cobijo de nuestras insatisfacciónes, deseos anehados y problemas o premiarnos por algo que hemos conseguido.

Y es normal, desde siempre nos hemos recompensado en una multitud de ocasiones con comida:
caramelos, cenas para celebrar algo, pastel de cumpleaños, festividades de días importantes con familiares, encuentros de amigos, etc. Y también se ha castigado mucho sin cenar por portarse mal o sin pastel, o incluso se ha utilizado la comida como medio de tortura.

Con todo esto hemos perdido el contacto con nuestro cuerpo para saber cuando necesitamos nutrientes y cuando no, y lo hemos cambiado por otro estímulo o estímulos similares, para gestionar otros ámbitos de la vida.

Es necesarío saber distiguir el hambre de la ansiedad o angustia, dado que si no, estamos gestionando mal la ingesta de alimentos en nuestro cuerpo, en momentos que no los necesita. Por ello siempre que se tenga hambre, y no otra cosa, hay que ingerir alimentos con alto contenido nutricional, es decir: nada de dulces. También este hambre nos informará de qué cantidad y que alimentos necesitamos comer. Se trata de hambre real, más que hambre emocional.

Castigar al cuerpo sin comida por que consideramos que no tenemos el peso adecuado que nos dice la sociedad o ampararnos en la gula para nuestras neuras emocionales es algo común en nuestro día a día.

Es impotante tener una buena educación al comer, respetar ese espacio como sagrado, como nuestro, un tiempo intocable que se debe dedicar el ritual gastronómico. Al estar la comida conectada  con todo lo emocional recomendamos llevar un diario de como nos sentimos cada vez que comemos y darnos cuenta del tipo de alimento y cantidad que ingerimos según nuestro estado emocional. Así daremos el paso más importante de todo proceso: ser conscientes y darnos cuenta de que nos pasa.

 

2017-12-07T15:56:48+00:00