Ser tóxicamente el bueno

El término “buenismo” fué acuñado por una serie de partidos políticos hacia otros para quejarse de ciertas iniciativas tomadas de forma bienintencionada, pero a la vez, ingenuas y basadas en cierto sentimentalismo, carentes de autocrítica y sin analizar exhaustivamente los resultados reales.

Estas conductas estaban basadas en la creencia de que todos los problemas pueden solucionarse a través del diálogo la solidaridad y la tolerancia.

El sufijo “ismo” proviene del griego e se utiliza en palabras como socialismo o marxismo para indicar una “doctrina o sistema” y se aplico junto con la palabra bueno para crear un término satírico o despectivo. “La doctrina o el sistema de ser bueno”, es decir, ser bueno por sistema y no porque haya unos motivos explícitos para serlo.

Más allá de querer entrar en debates político sociales, quiero hablar de cómo afecta este término en el territorio terapéutico.

El otro día en una reunión surgió de nuevo este término y me hizo analizar como aplicamos el “buenismo” en nuestras vidas y que nos aporta y en que nos afecta.

Por un lado podemos afirmar que una persona “buenista” le será muy fácil ganarse el reconocimiento de los demás, así como el amor y la necesidad de que estén a su lado. Pero como siempre, no todo es como parece.

La persona “buenistavive para el otro, se preocupa de los demás y de solucionar desinteresadamente cualquier problema del que se le acerque. Se suele conocer fácilmente porque se denomina a si misma como “demasiado buena”, y todo el mundo me hace daño.

 

Podríamos decir que este tipo de persona es buena indiscriminadamente. Incluso también que es la alfombra que los otros utilizan para conseguir sus propios objetivos. Suele ser una persona bondadosa y tranquila pero siempre existe una ansiedad interna por servir a los demás. En estás personas existe una excesiva dependencia hacia el otro, incluso en ocasiones un sometimiento y servilismo que puede ser aprovechado por el que le acompaña en la polaridad de esta característica.

Entiendo que seguramente muchos de vosotros habéis podido ver lo patológico de este tipo de patrón.

Y yo os comentaré que en esta vida nada es gratis, y que el “buenista” también actúa a cambio de algo.

Evidentemente nos encontramos delante de una persona con miedo al rechazo y a la soledad y una dificultad para poner límites asombrosa. Aprovecha estas características para obtener el amor del otro cosa que le reconforta y le reafirma en su propio juego.

Es uno de los patrones donde normalmente el único que tiene a perder es el que lo practica, versus al entorno, que es gratamente remunerado.

La falta de autoestima sería el pilar de este tipo de patrón. Personas que en su estado más negativizado de creen inútiles, con miedo al abandono y sentimientos de inferioridad.

Posiblemente hayan sufrido una carencia afectiva en su niñez y eso les genera la necesidad de que estén por ellos.

Os indicaré los tres mecanismos psicológicos básicos que utiliza:

La introyección: Digamos que absorbe la personalidad del otro fusionando la su parte débil con la más fuerte del otro y en compensación, como he explicado antes le ofrece estar al servicio de sus objetivos.

La idealización: El mejor ejemplo, el de la pareja (que sobre este tema hablaré más profundamente en otro video), pero para simplificarlo, os diré que considera a la otra persona  como perfecta e incluso divina obviando sus virtudes y defectos.

Y como no, la negación: A esta tipología de persona, para convivir con un mundo que recibe como “hostil” le es más fácil crear un universo simplificado, y se convierten en seres ingenuos e infantiles, desde este sitio pueden actuar con más comodidad. Por este motivo suelen ser pasto de maltratdores.

Este tipo de disfunción ha de trabajarse terapéuticamente. La empatía mal entendida puede anularnos como personas, confundir los límites entre uno mismo y el otro siempre acaba siendo una pérdida para uno mismo.

2018-01-05T11:37:30+00:00